The Critic

Mayo 24, 2007

 

 


“Yo formo parte del público

y no hago dramas de salón”

Sam Pekinpah[1]

 

El cine ha estado siempre sujeto a la crítica. El arte en general debe atravesar un tortuoso proceso análisis.

Por la piel debería entrar y es en alma donde se deberían descomponer sus elementos, los cuales terminan aferrándose o alejándose de nuestra cosmovisión.

La crítica es distinta. Es un proceso en el cual se analiza una obra tomando como referente los elementos propios de su composición: forma, tamaño, color, textura, técnica, producción.

Este análisis se hace sin necesariamente internalizar la obra. No importa lo que para el otro implique, sino cómo el artista nos presenta un concepto.

Matta, el gran maestro, realiza un trabajo que obliga a la crítica a centrase en la técnica y a divariar sobre la idea, que es el fondo, el motor que impulsa al realizador a crear. Pero no pueden ver, ni si quiera vislumbrar lo que la obra de Matta quiere comunicar, porque la obra sólo tiene sentido en cada uno y en la unión metafísica de todos los significantes.

David Linch, nos muestra en Mulholland Drive, Lost Highway o en Blue Velvet, una diégesis en la cual las relaciones espacio-temporales están tan alteradas que la posibilidad de un análisis lineal queda apta solo para melómanos.

Entonces ¿para que sirve realmente la crítica cinematográfica?

Sirve para dar pautas, para motivar a la gente a interesarse por las producciones cinematográficas.

Pero la crítica se maneja. La moda, las presiones ideológicas-económicas o los paradigmas inamovibles, muchas veces juegan en contra de la crítica constructiva. Entonces lo primero que se debe tener en claro es que la crítica nunca será un ejercicio de objetividad. Todo cuenta, todo pesa en el análisis que hace un receptor cualquiera. Aún así se puede lograr un estudio interesante y que sea un aporte para el mundo de la cinefilia y para los públicos esporádicos.

El hecho de que la cadena producción-distribución-exhibición esté, en ocasiones, en las mismas manos, provoca que los medios contribuyan a la propaganda más que al análisis. Este es el gran problema, que enfrenta la crítica.

El uso y abuso que se hace en pos de conseguir fines comerciales dejando las concepciones estéticas para los ilusos y soñadores, transforman a la crítica cinematográfica en un instrumento de las mega corporaciones como la Sony (que maneja la producción-distribución-exhibición).

Lo que buscan es crear una masa receptora no pensante y que venga predestinada positivamente. De esta forma le hacen creer a la audiencia que lo que ellos proyectan es lo que ellos desean ver, perdón, consumir.

Pero mientras sigan existiendo las producciones independientes, la crítica académica, la reflexión coloquial y los festivales alternativos, seguirá habiendo un grupo de receptores inteligentes que no se deja llevar por los maltratos mentales del mercado.

 


[1] Carlos Fernández Heredero, Sam Pekinpah, Ed. JC, Madrid, 1982

 

 

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